- Museo del Tejar
Dirección: Barrio El Tejar, El Retiro y Rojas.
Horarios de atención: Entrada gratuita a la iglesia
A los pies de El Tejar ‘duerme’ el Centro Histórico; a su lado occidental se ubica el barrio El Placer, mientras al otro extremo están San Juan y Toctiuco.
La edificación más importante de la zona es el convento de El Tejar de la Merced, una construcción colonial que nació como ermita en el siglo XVII. Al contrario de otras iglesias del Centro Histórico, esta no tiene cúpulas ni campanarios iluminados y la oscuridad de la noche se funde con su antigua estructura.

Según el libro Historia y Arte en el Tejar de la Merced, de Antonieta Vásquez y Alfonso Ortiz Crespo, en aquella época, los cadáveres eran enterrados en las criptas que se encontraban bajo las iglesias o en sus altares; todo dependía de la posición social y económica de la familia del difunto.

El cementerio ubicado en la parte posterior también tiene su historia, puesto que importantes personajes quiteños fueron sepultados en el lugar; incluso antes de que se instituyera el camposanto como tal.
Por ejemplo, se cuenta que el prócer independentista Eugenio Espejo dijo antes de morir: “Que mi cuerpo difunto sea sepultado en la Iglesia de la Recolección de Nuestra Señora de Las Mercedes”. Su voluntad se cumplió y sus restos se encuentran en El Tejar, en el pabellón San José.
Cerca de él, en un mausoleo privado, reposan los cuerpos de algunos integrantes de la familia Montúfar, seguidora de las ideas de Espejo. Allí fueron enterrados, por ejemplo, Carlos y Rosa Montúfar, hijos del marqués de Selva Alegre (Juan Pío Montúfar), quien encabezó la Junta Soberana de Quito instituida el 10 de Agosto de 1809.

El barrio como tal fue institucionalizado en el año 1767. Un poco antes, algunos predios fueron entregados a la orden religiosa consagrada a la Virgen de La Merced, cuyos miembros lograron construir una capilla pequeña y un horno para la producción de ladrillos y tejas de ahí el nombre del sector.
En aquella época, El Tejar estaba rodeado de colinas deshabitadas y se hallaba separado del resto de la ciudad por 2 quebradas.
Los religiosos mercedarios convirtieron a ese solar en un centro de oración y con el tiempo la capilla se transformó en un convento, forma en la que nace la conocida Recoleta de El Tejar.
El sitio sirvió también como un lugar de oración destinado a los laicos, en el cual, los quiteños expiaban sus culpas a través de una compleja cadena de penitencias.
Los alrededores del convento empezaron a ser habitados aproximadamente partir de 1798, por unas cuantas familias de Quito, las que fueron consideradas pioneras, por lo ‘alejado’ del área.
Para complementar esta información, me permito compartir este video:
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